EN LOS DETALLES ESTA EL CUADRO

Publicado por

por Valeria Schapira 

 

Alguna vez, en una discusión de esas sin sentido – como la mayoría de las discusiones – alguien me acusó de estar en la pavada de “los detalles”. Solo atiné a responder que, para mí, “en los detalles está el cuadro”.

 

En ir de viaje y comprar un suvenir para esa amiga que entenderá la recordaste. En llamar a alguien que sabés lo necesita. En acompañar en su pequeño emprendimiento a alguien que lo siente su mega empresa.

 

En los detalles está el cuadro, claro que sí.
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Cuando nos vamos de por acá, solo quedan los detalles, los pequeños gestos, los momentos. Ni los regalos caros ni las grandes casas. Solo los detalles.

 

La torta que te cocinó tu mamá, las flores, los paisajes, los abrazos eternos.

 

Mientras ensobraba un dinero que tengo que entregar a una compañera, vino a mi memoria como una instantánea la letra ininteligible de mi Buba, mi abuela adorada. En cada ocasión – cumpleaños, graduaciones, casamientos – nos entregaba a cada uno de sus nietos un sobrecito blanco. De esos en los que solo entra una tarjeta. Siempre decía algo así como “felicidades” e incluía unos dólares doblados en dos. Era su “detalle”. El sobrecito de la alegría.

 

Buba hace años que no está. Tampoco los sobrecitos. El recuerdo vino a mí, supongo, al revisar uno de los videos de mi unipersonal en la que mi abuela está en una foto junto a mí.

 

Detalles. Sus panqueques. Sus bolas de matze en las fiestas judías. Detalles.

 

Solo quedarán los detalles. Porque en los detalles está el cuadro.